miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sangre

Ese tejido líquido que transporta la vida por todo nuestro cuerpo, tan maravilloso, tan preciado, que cada día es renovado y produce el milagro de la vida. Tanta belleza y generosidad guarda dentro de sí, que hasta puede ser compartida y donada para salvar a muchas personas de la muerte; es nuestro soporte vital, al que le damos a veces poca importancia porque siempre está aquí, dentro de nuestros cuerpos, fruto de la genialidad de la naturaleza, ¡estás vivo, es algo grandioso!… pero no todo es bueno, la forma de expresar esta palabra puede también consumirlo todo…

¡Sangre!... En tantos siglos y siglos de historia, ha sido derramada de una manera tan cruel y salvaje... ese oro rojo que podría formar grandes ríos y llenar océanos enteros de color púrpura, por culpa del ser humano. Aun así, la sed del hombre egoísta, el ansia de poder y la venganza ha llegado a tal extremo, que parece que todo está justificado, convivimos con ella de forma rutinaria, es aceptada como algo normal; no solo sabemos lo que ocurre, sino que comemos viéndola en la televisión, en casos reales en el telediario, y hasta disfrutamos de ella cuando vamos al cine, en algunos deportes o jugamos a ciertos videojuegos; cuanto más realista y en más cantidad, mejor.

¿Cómo el hombre ha podido llegar a esto?, piénsalo detenidamente, ¿crees qué es normal que la mente humana haya evolucionado hasta este extremo?.

La guerra entre nosotros mismos, una única especie que está continuamente peleándose, que mata a sus semejantes, y fabrica cantidad de armas para machacar una ciudad entera en pocos segundos… ¿es esto responsable?, ¿es acaso lógico en una sociedad civilizada?.

A día de hoy, hay al menos doce guerras y conflictos de gran importancia en el mundo, y más de 30 guerras o conflictos “menores”, más otros que no conocemos, y en todos están muriendo cientos de personas diariamente, millones al año. Personas como tú y como yo, que tenían su vida, su trabajo, su casa, sus hijos… y en un momento, todo destruido, el suelo teñido de sangre y cientos de vidas rotas sin sentido, se quedan sin nada; niños que no conocen otra cosa que el dolor y la violencia, ¿qué les vas a pedir?, escucha, ¡niños sin infancia, sin familia, sin esperanza, con armas en las manos, secuestrados, violados!, ¡cuánto dolor… cuánta desgracia!. ¿Dónde está la raza suprema?.


Ubicación de los conflictos activos alrededor del mundo, junio de 2016.

     Grandes guerras, más de 10.000 muertes al año.     Guerras y conflictos, 1.000–9.999 muertes al año.     Pequeños conflictos, 100-999 muertes al año.     Escaramuzas y enfrentamientos, menos de 100 muertes al año.

Mientras lees esto, tú estás tranquil@ en casa o en la calle, lejos del peligro, con unos hijos que reciben mucho amor y una educación, sus vidas tienen esperanza, y cuando sean mayores podrán elegir, lo que quieren llegar a ser. ¿Esto es justo?, ¿son acaso tus hijos mejores que los niños de Siria, El Sahara o Ucrania?.

Nuestros países venden armas a estos estados para ganar un dinero manchado de sangre, de vidas perdidas. Mi país, España, es el séptimo país del mundo que más armas exporta, con un valor de más de 3700 millones de euros, todos destinados a matar a personas, a verter más sangre en el suelo de nuestro bendito planeta. Y la cifra sigue aumentando, la nueva ministra de defensa María Dolores de Cospedal, una mujer cristiana católica practicante, que sale en hermandades por la calle, dijo que no va dejar de vender todo este tipo de armamento; muy bien señora Cospedal, es usted un digno ejemplo para el mundo, para mi nación, para los cristianos y para todos los que sufren la agonía de la guerra y la muerte. No tiene usted vergüenza ninguna, su desprecio ante la vida es total.

Pero todos estos ministros están tranquilos, porque esto se disfraza con el nombre de Ministerio de Defensa; ¿defensa?, una odiosa hipocresía, ¿cuándo le vende armas a Arabia Saudí, Cuba, o Colombia, es para defender nuestro país?, yo creo que no, más bien es para ganar un maldito beneficio a cambio de vidas humanas.

Nuestras manos están manchadas de sangre, pues parte de nuestros impuestos están destinados a asesinar, que es lo más denigrante que puede llegar a cometer el hombre. Seguimos permitiendo que nuestros gobiernos, sin que nos enteremos o sin querer enterarnos, generen estas guerras, las mantengan y cuando ya no hay más tajada que sacar, entonces ya interviene la ONU u otras organizaciones, enarbolando la bandera de la paz, ¡menuda sarta de hipócritas y criminales!.

Y para colmo, cuando llegan ríos de refugiados por su culpa, arriesgando su vida porque la muerte le pisa los talones, no se les atiende. Como si fueran basura, se les retiene en nuestras fronteras, para que mueran como desechos, al fin al cabo son daños colaterales de sus negocios sucios; siento vergüenza de mi Europa. 

¡Qué pena!, si todo ese dinero se destinara a salvar vidas, para alimentar a tantas personas hambrientas, enfermas, necesitadas… además, que no tienes que buscar lejos, en el piso de enfrente, seguro que hay familias pasando una necesidad real, pero… no quieren, no quieres.

Cuando llegan las elecciones seguimos consintiendo estas aberraciones votando siempre a los mismos.

Al igual que las guerras y conflictos de tipo religioso, que elevan a la máxima expresión la estupidez del hombre, por creer de ciertos charlatanes cobardes, que hay que luchar por dios, vamos, un mono es más listo que estos "creyentes". Se cometen aberraciones de todo tipo, como la persecución de la homosexualidad, la ablación en las mujeres, las bodas concertadas con niñas, lapidaciones, inmolaciones, violaciones, sacrificios de animales, maltratos, asesinatos y una gran cantidad de perversiones, que se consuman a diario en el mundo entero, por culpa de la obediencia ciega a estas malditas religiones y sectas, que en nombre de dios, riegan las calles con nuestra maravillosa sangre.  

Deseo de verdad, que nunca te tengas que ver en una situación de guerra, que ninguna bala te atraviese el cuerpo o el de un familiar tuyo, que su sangre no manche tu cuerpo, o el suelo de tu querida ciudad, de tu amado pueblo y el grito de la desesperación no llame a tu puerta, si es que tu casa no ha quedado reducida a escombros. Me gustaría que te pusieras por un momento en el lugar de estas personas, para que cuando las veas en la televisión, no las juzgues a la ligera, y date cuenta de que la culpa es tuya, de todos nosotros.

Mira, observa... la sangre sigue cayendo... gota a gota... cada segundo... y con ella la vida se nubla, uno a uno todo se vuelve oscuro… y al final solo se escucha el llanto y el sufrimiento del que ha sobrevivido. Con cada gota le han robado su felicidad y las ganas de vivir; de nosotros depende parar esto, y con una transfusión, inyectarle en vena nuestra propia sangre, toda la que ha perdido… para que vuelva a sentir y vuelva a dibujarse en su rostro la imagen de un ser humano, la misma que le hemos destrozado…

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