miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mentiras

Se dice que todos hemos mentido alguna vez, pero aunque nos excusemos diciendo que son mentiras piadosas, la pregunta es ¿por qué lo hacemos?.

La acción de mentir, no es más que una información o una declaración de una persona, sobre algo que es falso o por lo menos de una manera parcial, también consideramos una mentira, el hecho de callarse ciertos acontecimientos u ocultar parcialmente la verdad.

Podemos decir una mentira que no daña a nadie, por el simple hecho de darnos ese placer, para agradar a alguien o también para mejorar nuestra imagen, exagerando la realidad, delante de los demás; lo que llamaríamos mentirijillas o mentiras piadosas. Por otro lado, tenemos las mentiras que se hacen con saña, con el único propósito de dañar a un individuo o un grupo de ellos.

En un lugar intermedio, tenemos la ocultación de la verdad, que puede ir desde intentar hacer un bien, como por ejemplo, el médico que no le dice a un paciente que está terminal, porque solo le quedan horas de vida y así se lo han pedido sus familiares. A realmente callarse cierta información, sabiendo conscientemente que eso perjudicará al otro, o que tal vez, nos podremos beneficiar de una situación de ventaja, respecto a los demás.

Lo que está claro es que sea como fuere, unas más malas o dañinas y otras más sanas o sin importancia, todas ellas son mentiras. Al igual que sabemos también, que la mentira hasta el día de hoy, forma parte del ser humano, y la usamos durante toda nuestra vida.

Hay un estudio, que afirma, que por cada diez minutos de conversación, hemos mentido una media de tres veces mientras hablábamos, eso, sin contar las omisiones de la verdad. Impresionante, ¿verdad?.

Pero, ¿por qué el ser humano miente?, pues al fin al cabo un niño no nace mintiendo, y con el tiempo, lo hace porque no es más que el fruto de un aprendizaje. Realmente nosotros los adultos, somos los culpables de que esta “tradición” y cultura de la mentira siga transmitiéndose de generación de en generación; mentiras como, - no te preocupes hijo, es un pinchacito, no duele -, o - a ver, abre la boca, esta es la última -, y luego vienen diez cucharadas más… y así, con pequeñas mentiras, vamos introduciéndolos en este mundo. Lo cual, los niños asumen rápidamente, que sus familiares les mienten, ellos son conscientes y no lo asocian a algo malo; tanto es así, que cuando saben que han hecho una trastada, empiezan ellos mismos a discurrir una serie de mentiras e historias propias, pero cada vez más elaboradas, todas sacadas de lo que han observado.

Entiende entonces, que si no fuera por nuestra culpa, y no practicáramos la mentira con ellos y las personas de nuestro alrededor, nunca, nunca, nunca, podrían aprender a mentir; pues no se puede aprender algo que no existe, ¿verdad?. También omitimos muchas verdades a los niños, pensando que les hacemos un bien o lo protegemos… y ya más adelante se las diremos, pero normalmente ese día nunca llega, pues a nuestros ojos nunca estarán preparados, siempre es demasiado pronto; como consecuencia, descubrirán de mala manera todas esas mentiras que le hemos omitido, y habitualmente suelen marcar a los hijos, pues es un choque brutal, entre la mentira y la realidad. En ese momento, que suele coincidir con la adolescencia, al sentirse traicionados, y encima teniendo que obedecer sin ser escuchados habitualmente, empiezan a separarse de los padres, porque han entendido, que no se pueden fiar de ellos de una manera segura; por eso pienso que es una lástima que se llegue a esto y se repita en cada generación, ¿no crees?. 

Vivimos en un mundo, donde la mentira es algo habitual, de hecho la consideramos muchas veces necesaria para seguir viviendo en “paz” en esta sociedad. De la hipocresía viene las mentiras más comunes, para quedar bien y dar una buena imagen o un gran ejemplo, por tanto aunque todas las personas mentimos, hay otras que por su “profesión” tienen que usarlas a diario, aun sabiendo que lo que dicen no es verdad; una figura muy representativa es el político, y en él se da, lo que se llama la paradoja de la mentira, pues una persona que por sistema miente u oculta información para quedar bien delante del país y los medios de comunicación, se convertiría en una fuente de verdad, pues siempre creeremos lo contrario de lo que nos diga, que será la verdad, muy curioso, sí señor. Pero lo peor de esto ¡es qué lo consentimos, aunque nos tomen el pelo!.

Así que, de una base de mentiras piadosas, vamos montando una estructura cada vez más gordas de engaños, hasta llegar a temas muy serios, pues al final mucha gente sufre por este tipo de hábitos.

Puede ser porque el político o el religioso miente, robando o asesinando, de manera que se convierte en un mal tremendo, corrompiendo todo el sistema, porque si el de arriba lo hace, ¿no lo voy a hacer yo si tengo la oportunidad?. Es alarmante porque se considera como un privilegio, teniendo incluso connotaciones positivas - si yo fuera…, si yo estuviera… -, un deseo parecido al que deseas, si te tocara la lotería, quizás; esto es más serio de lo que parece.

Por otro lado las mentiras que más nos duelen, serán en las que nos sentimos engañados o que han roto la confianza que teníamos depositada en alguien. El típico ejemplo de la infidelidad o una estafa referente a tu dinero o un producto, cuanto más cercana sea esa persona emocionalmente a nosotros, más nos dolerá; rompiendo los lazos del respeto y amor que había de por medio.

Para ir concluyendo, todos sabemos que vivimos en un mundo de mentiras, y nos parece imposible no coexistir con ellas. ¿Qué haces si pasa tu jefe, le sonríes o le dices las tres verdades arriesgándote a un despido?... la respuesta parece lógica, hay que mentir.

Pero yo no creo que esto deba ser así, de hecho demuestra que no somos realmente individuos adultos para convivir con los problemas, la sinceridad o la falta de autoestima; yo pienso que al final, es el miedo el que nos hace comportarnos de esta manera. Si queremos avanzar, necesitamos eliminar la mentira de nuestra vida, pues no sirve para nada, es absurda, lo único que crea son lastres y cadenas, pues las mentiras se hacen más gordas con el tiempo, más elaboradas, y más hay que pensarlas para que no nos pillen; porque al final, estas no se pueden controlar y por algún lado, la verdad se escapa y te deja al descubierto, con las consecuencias que luego puedas sufrir.

Por tanto, desde el respeto y la educación, es posible montar una sociedad sin mentiras, pues eso genera libertad para llegar con tu vida hasta donde quieras, y el sentimiento que experimentarás es inexplicable. La sociedad podrá avanzar a pasos agigantados, cuando los secretos dejen de esconderse, para darles solución.

Ya sabes no mientas y no te mientas, que no te hace falta, además ¿a quién crees que vas a engañar?, solo a ti, te lo aseguro; más bien práctica la aceptación de tu vida y la de los demás, y no necesitarás usar del engaño, siempre ve de frente, pues mentir es siempre un retroceso en tu progreso hacia un mundo mejor. 

La clave está en la educación de los niños, no les mientas, no los hundas en esta sociedad hipócrita, explícales solo las verdades y ellos que no son tontos, podrán elegir vivir una vida sin ataduras y pasar página en esta maldita cultura del engaño…

A partir de que comienzas con una mentira, llega la desconfianza y tu mundo se vuelve más oscuro, rompiendo valores como la sinceridad, la esperanza, la confianza, etc., pues alguien que no se fía, no es de fiar. Y recuerda, una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa… piénsalo.

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