miércoles, 26 de octubre de 2016

El viaje


…La cima de la montaña… Parece que puedo tocarla…

Otra vez he vuelto a tener la misma visión, cada vez es más frecuente, y la tengo metida en mi mente como una imagen cristalina, es la cima de la montaña sagrada, la que los amei, los ancestros de mi tribu llamaban Queral der, que significa la montaña del destino. Si alzo la vista, sigo viéndola, puedo verla desde antaño, desde que era muy pequeño y mi enai (mi madre), me contaba historias sobre ella; una luz envuelve la cima, pero con el astro de fuego en el cielo, apenas puedo distinguir nada más.

Sin embargo, en mis sueños, en mis visiones, puedo ver claramente que la cima está dividida en dos, tiene dos picos y de entre medio de ellos, emana un haz de luz maravilloso y misterioso, que me atrae, se acerca a mí como si me estuviera llamando… y cada vez es más fuerte, ya no puedo evitarlo y estoy obsesionado, ¿por qué me está ocurriendo esto?.

Me incorporo y subo una duna de este basto desierto en donde vivo, todo está lleno de los nieorel, las piedras que señalan las tumbas de todos los seres de nuestra raza, que acabaron exterminados por la furia de un mal desconocido para mí. Si, aunque soy joven, vivo en un gran cementerio que se extiende cientos de kilómetros en mi horizonte; estoy solo, creo que soy el único de mi especie, todos mis hermanos desaparecieron hace ya tiempo y yo sobrevivo como puedo; con la pena y el recuerdo de mi enai, que cuidaba de mí y me decía que todo no estaba perdido, pues algún día, los nemerions, volveríamos a surgir de la fuente, pues la energía fluiría de Queral der…

Leyendas y cuentos, que ella me contaba, quizás para ocultarme que también pronto desaparecería de mi lado, pues el mal desconocido envenenó su cuerpo hasta que desapareció y se convirtió, en una piedra más, de las que en este yermo lugar, proclama la caída de nuestra especie. En sus últimos pensamientos, me dijo que nunca saliera de este desierto, pues todo era muy diferente fuera, nuestra civilización cayó y el mal flota sobre la faz del planeta… Huyendo acabamos aquí, un lugar donde aún hay luz y se conserva durante todo el día.

Mientras recordaba todo esto seguía andando, envuelto en mi vieja túnica y cuando me di cuenta, había subido a una de las dunas más altas que hay por el lugar, y al alzar la vista, a lo lejos entre un horizonte de tumbas, se encontraba Queral der… Y volví a tener la misma visión, pero esta vez había alguien más en el sueño, no pude verlo, pero sentí que me decía que me iniciara… ¿Qué significaba aquello?, no sé... pero si es cierto, que los días en el desierto eran menos luminosos y algo me hacía presagiar, que pronto aquella zona, no sería segura.

Pensé que quizás en esa montaña, habría alguien más o encontraría la respuesta a todo lo que pasó hace tiempo, y me puse en marcha... Eso creo que quería decirme la visión, que iniciara el viaje.

Así que me puse en camino, sorteando con mis ágiles movimientos los nioriel y las eternas dunas, desobedeciendo a mi enai; lo único que sabía, es que no podía estar más tiempo sin hacer nada, ya estaba cansado de vagar, desperdiciando mi vida sin sentido. No paré hasta llegar a Tel visien, donde aún siguen en pie las antiguas runas, que estaban a las afueras de la ciudad, los nemerions siempre las consultaban en momentos de dudas y necesidad de consejos; de aquellas runas quedaban unas pocas enteras, y creía que de poco me servirían ya.

En ese momento, caí al suelo y volví a tener la visión, esta vez con más intensidad, cuando recuperé el conocimiento, me pareció que una de las runas vibraba y destellaba, ¿será posible?, me acerqué y dejó de hacerlo, entonces se produjo un temblor fuerte y las runas se iluminaron todas, de repente, mi túnica empezó a brillar y se llenó de inscripciones antiguas… No sé lo que pasó, pero sentí que tenía que continuar mi camino, ¿será posible que hubiera un destino para mí?, ¿sería casualidad que fuera el último de mi especie?, para mi enai era evidente, que lo vería como algo del destino, seguro. Yo no me eduqué mucho en esos temas y no creo en ellos, aunque las visiones... y ahora las runas, ya son cosas que me hacen dudar... no sé.

Proseguí mi camino hasta las ruinas de la cuidad, antiguamente debió ser algo impresionante; lástima que ya no me acuerdo, solo recuerdo el desierto y la arena en mi túnica. Me adentré en la laberíntica ciudad, y es curioso porque todos los sistemas estaban aún activos, la energía que irradia mi cuerpo activaba todas las puertas y mecanismos; era una ciudad preciosa, majestuosa, me quedé impresionado de la tecnología que tenía y cómo se comunicaba conmigo. Pues los nemerions nos relacionábamos a través de la energía, todo lo hacíamos a través de ella; seguí mi intuición y después de varios días, llegué a lo alto de una estancia, que era distinta a todas las demás, signos antiguos, una gran piedra y al fondo una puerta enorme.

Algo me hizo sentarme enfrente de la roca, y entonces mi pecho empezó a brillar, y una columna de luz apareció en la roca y surgió ¡lo que parecía un amei!, nadie había visto uno, ni mucho menos yo, pero lo supuse por las historias que me contaba mi madre. Era un ser muy alto, blanco y luminoso, me contagió de su luz y mi túnica se dibujó con nuevos dibujos e inscripciones, entonces como si fuera una visión y sin decir nada, me mostró un camino hacia Queral der y me alentó a continuar mi camino, a que confiara en él; sentía mucha paz, pero la duda empezó a crecer en mi interior, pues para llegar a la montaña, había que atravesar el mal desconocido… y nadie sobrevive a él.

Después se fue, y con un gran temblor, aquellas enormes puertas se abrieron dejándome pasar hacia la montaña, que ya se veía con más claridad, a través del pórtico.

Continué la aventura a través de las ruinas, saltando, escalando y usando mi energía para avanzar entre los escombros de aquella colosal ciudad; pasaban los días, y pensaba mucho en qué habría en la cima de Queral der, ¿qué pasaría?, ¿y si no lo conseguía?, tal vez si no estuviera solo, sería mucho más fácil… Después de varios días llegué al final de la ciudad, y ante las puertas de la salida, había una esfinge antigua; me llamó la atención, la miré con detenimiento, sus ojos destellaron y volví a caer en un sueño, en el que apareció otra vez un amei, que volvió a transmitirme su coraje y mi túnica se dibujó un poco más, le pregunté que si había alguien más como yo, le dije que ir solo me parecía demasiado arriesgado... Y cuando iba a decirme algo, miró al frente y desapareció rápidamente. Entonces al abrir los ojos me encontré, a otro ser de mi especie, ¡no era el último nemerion, qué alegría!, pero no decía nada, solo estaba allí y parecía dispuesto a seguir junto a mí.

Quizás el amei atendió mi petición, aunque no entiendo su desaparición tan inesperada; pese a que este compañero de viaje no hablara, me alejaba de la soledad, tal vez había sufrido tanto o más que yo, no sé, a lo mejor él también tenía las mismas visiones.

Seguíamos caminando hacia la montaña de dos picos, entre ruinas y arena, la luz del astro era menos intensa, y como un atardecer, teñía de dorado la suave arena, era impresionante, ¡un camino de oro!, ¿quién podría decir, que el mal habitaba por aquellos lugares?, quizás después de tanto tiempo, el antiguo mal se fue, al fin y al cabo, todavía no he encontrado ninguna prueba de él.

La arena desapareció del camino y entramos en un terreno pedregoso, unas montañas se elevaron sobre nosotros, y tenían tanta pendiente, que era imposible subir, aun con nuestra agilidad. No sabíamos cómo continuar, y durante tres días estuvimos buscando la forma de pasar, en una de las veces, perdí a mi compañero, pues se había adelantado, y en un mal salto caí, dándome contra las rocas, perdí la consciencia, y por unos momentos pude ver pasar a un amei a toda prisa atravesar una pared, que raro, ¿por qué no se paró conmigo?. Mi compañero me despertó y buscamos ese sitio señalado por el ancestro, y allí pudimos activar una antigua puerta camuflada entre las rocas, que daba paso a una gran cueva; al entrar mi compañero siguió hacia al frente, perdiéndose en la oscuridad, yo me detuve, pues las tinieblas me rodeaban y ya no veía a Queral der, sentía frío, enemigo mortal de los nemerions, pues como somos energía, podemos perder nuestra fuente vital y morir. 

¡Morir!, fue la primera vez que sentí realmente este miedo, esta misión cada vez me gustaba menos, de todas formas me adentré junto con mi compañero; aquello era un mundo distinto, seguro que hacía muchísimo tiempo que nadie pasaba por allí, además mi compañero también se comportaba de una manera cada vez más rara, estaba como eufórico, ¿tendría miedo como yo?.

Viajamos a través de la tierra en silencio y con plena oscuridad, alumbrados solo con la luz de nuestros cuerpos, creo que fue más de un mes; vimos criaturas impresionantes, algunas nos atacaban, pero parecía que lo hacían por miedo, ¡que extraño!, ¿una criatura tan grande asustada de una pareja tan pequeña?. Con el único brillo que generabamos, entre aquella eterna noche, nos condujimos hasta una gran puerta, el otro emerion, se alejó buscando una forma de activarla, y yo mientras tanto también buscaba, al final, encontré una runa antigua y la encendí; al instante un rayo de luz me envolvió como una barrera y allí estaba de nuevo el amei, la verdad es que tenía ganas de verlo. La puerta se abrió, y quede impresionado, pues a través de ella ya se veía la montaña con el haz de luz, bastante cerca, ya no había mucha claridad en el cielo, ¿tanto habíamos avanzado?... Podría ser, porque me encontraba muy cansado y no sé cuánto más podría aguantar en este viaje, me daba la sensación que llevaba un lastre encima.

El amei miraba hacia la cima y yo caí en la cuenta que estaba cubierta de nieve, es más, entraba un frío atroz por la puerta, entonces entendí que no podría llegar a la cima… Pensé que este viaje reclamaría mi vida; el ancestro volvió su mirada hacia mí con compasión; yo le miraba y entonces bajé la cabeza, como aceptando mi destino, y sin hablar, me dio ánimos antes de desaparecer.

Atravesé la puerta, y sentí un frío glacial, algo que nunca había existido en nuestro planeta, esto no era normal; mi compañero se acercó ágilmente y al ver la cima helada, nos miramos y todavía sentía más miedo, me abrigué bien con la túnica, escrita con todos esos símbolos antiguos y empezamos a subir hacia la cima.

Cada paso que dábamos, el viento se hacía más violento, caminaba entre la nieve y los nieorel que había, un cementerio de ellos, y el temor crecía en mí. Utilizaba toda mi energía para entrar en calor, pero era tan fuerte la ventisca, que nos echaba hacia atrás; así caminamos a duras penas, durante varias horas, todo había cambiado desde el principio, y pensaba que debería haber obedecido a mi madre y no salir del desierto. Mi compañero se comporta de una forma más extraña cada vez, ¿será por causa del frío?, lo que me parece más raro, es que aún no nos hallamos encontrado con ese mal, que exterminó a nuestra civilización.

Pasaban las horas bajo esa tormenta, ya casi no sentía mi cuerpo, y la energía de mi pecho dejó brillar, el miedo se apoderó de mí, pero yo seguía, quería terminar el viaje. Al buscar a mi compañero, al que había perdido de vista hace un rato, me di cuenta que me observaba y el nemerion apareció enfrente de mí, debilitado como yo, pero con una mirada distinta; con un movimiento rápido me atacó y entonces comprendí, que no era un nemerion, sino el mal que se personificó todo este tiempo atrás para engañarme y conocer mis puntos débiles, para matarme. Caí por la ladera, y a duras penas luchaba contra él, ese día la suerte estuvo de mi lado, o quizás fuera el destino, pues en uno de los forcejeos le pegué contra una roca, y un alud se lo llevó montaña abajo, quedando sepultado.

Sin fuerzas me puse en pie, y caminaba paso a paso, muy lentamente, mirando hacia la cima, ya no quedaba tanto, el viento rasgaba la piel, y no podía más… Mi enai me dijo una vez, que nadie podía derrotar al mal, y todo el que lo intentó cayó sin remedio… 

Y así fue, perdí mi energía y caí al suelo, la nieve cubrió rápido mi cuerpo y mi túnica... me hundí en la oscuridad… ¡Qué poco faltó!, a los pies de la cima quedé postrado, para ser testigo de la astucia del mal desconocido… Todo se había acabado… 


¿Ya está?... aquí termina mi vida... ¿de esta manera?...

Pero de repente, un grupo de amei me rodeó y los jeroglíficos de la túnica comenzaron a brillar, estaba cansado y dolorido, pero volvía a tener energía. Me le incorporé como pude, y seguí caminando, tambaleándome, ya no sentía nada, tan solo quería llegar a la cumbre, acabar mi viaje; en ese momento, hubo un temblor y de pronto se levantó un tormenta colosal, el mal no se daba por vencido y quería matar aquel que no había muerto ante sus garras, pero los amei atacaron al mal, para protegerme mientras yo proseguía… Por fin y sin fuerzas, llegué a los dos picos, ¡era como en la visión!, formaban dos paredes a mi dos lados, y en medio, una luz cálida y atrayente, había destellos a mi alrededor, y el tiempo parecía que fluctuaba, el brillo distorsionaba las formas y los colores, ¡era un espectáculo!. Me acerqué lentamente, había llegado a mi destino y antes de entrar en la luz, volví la cabeza atrás y observé el desierto a lo lejos y todo el camino recorrido.

Entonces comprendí, que lo que mató a mi especie, fue ese mismo mal, porque era puro miedo concentrado, por eso, al pensar que necesitaba compañía debido al miedo apareció ese día, por eso mi supuesto compañero que iba conmigo no me hablaba, por eso los amei desaparecían ante su presencia, al igual que las criaturas de las cuevas y por eso cada vez que se acercaba a mí, sentía ese miedo, que me paralizaba. Entendí entonces que no se puede vivir con horror, pues este, es capaz de destruirlo todo, te esclaviza, y el que teme, al final acaba sometiéndose a su propia muerte; entendí que mi madre me protegió por un propósito y yo tenía una misión que cumplir. Si no la hacía yo, nadie más podría hacerlo, nada hubiera cambiado, si no hubiese aceptado la llamada y aun estuviera en el desierto escondido. No sé lo que hay en el resplandor, pero no puede ser nada malo, sonreí y me volví hacía el haz de luz y el contorno de mi figura se perdió lentamente en su brillo mientras andaba, hasta que lo atravesé del todo… Sé que el planeta volvió a ser como antes de que el mal sembrara su miedo, pues los amei acabaron con él y los nemerions regresaron, como un día me dijo mi querida enai.

En cuanto a mí, os preguntaréis que había en la luz, ¿verdad?, eso es algo... que no puedo desvelar (sonriendo), pues cuando la atravesé… 


... Bueno, cuando llegues a estar aquí, conmigo, lo entenderás…

Basado en Journey

2 comentarios: