miércoles, 26 de julio de 2017

La fiesta nacional

¡Cuánta demencia hay en este país!, tanto psicópata suelto en España, capaz de gustarle y defender las corridas de toros, la denominada fiesta nacional, declarada patrimonio cultural de España. A ver, ¿cómo se puede declarar el maltrato animal, como patrimonio de un país?... De verdad que cada día yo alucino más, con la cantidad de ignorantes y enfermos aficionados a esta barbarie, siendo de distintas clases sociales (desde el que vive en el campo, populacho de ciudad, pasando por la derecha española, hasta la mismísima Casa Real), que es más llamativo; cantidad de "fiestas", en cada ciudad, en muchos pueblos, que disfrazan la sangría ¿de arte?, ¿de espectáculo?... pero señores, ¿esto qué mierda es?, que en el siglo veintiuno, todavía se permita todo esto...

¿Dónde están los Derechos Universales de los Animales promulgados por la UNESCO de 1977 y ratificados por la ONU?, ¿qué pasa, qué España se pasa por el forro estos derechos?, vamos, no me extraña, porque a ningún animal en este país, se le da ni un ápice de compasión, tanto es así, que en las ordenanzas municipales, los animales son considerados COSAS, no seres vivos… hasta la policía y la Guardia Civil se mofan de los animalistas que intentan ayudar cada día... no me sale calificativo para esto.

Os cito rápidamente cuatro artículos, de los catorce que contiene esta declaración:

Artículo Primero. Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo Tercero. a) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles.

Artículo Décimo. a) Ningún animal será explotado para esparcimiento del hombre. 

b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de ellos son  incompatibles con la dignidad del animal.

Artículo Undécimo. Todo acto que implique la muerte innecesaria de un animal es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

¿Cómo se permite violar estos artículos de esta manera tan descarada?... una vez más asistimos a la aberración del hombre contra la naturaleza y no pasa nada, por parte de estos catetos asesinos.

En vez de acercarnos hacia los países más avanzados, entre otras cosas, en derechos de los animales, como por ejemplo Holanda, aquí en este puñetero país vamos siempre al contrario, reventándolo todo y machacando cualquier cosa que se mueva. 

Todavía hay quien piensa que el enfrentamiento entre un torero y un toro en una plaza durante una corrida es del todo equiparada; que el torero está en todo momento arriesgando su vida frente a un animal que tiene 50 veces más fuerza que él... es absurdo del todo.

A parte de todas las cosas que se dicen de la preparatoria de los toros antes de su fatal destino, como estar presos en un asfixiante cajón, con la cabeza ladeada, en transportes que están muy lejos de sus pastos y encinares, donde suelen perder entre 40 y 50 kilos a causa del estrés al ser confinados en la cárcel del chiquero. O que veinticuatro horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que, al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el público de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir, no atacar.

También se dice que se le recortan en vivo los cuernos (afeitado) para proteger al torero, o le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas, que le golpean con más sacos de arena en los testículos y los riñones, le inducen diarreas y le abrasan los intestinos inyectándole sulfatos y laxantes, todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. 

Se le unta grasa y vaselina en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le pone una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación. En algunos casos, incluso se les han rasgado los músculos del cuello para evitar movimientos bruscos con la cabeza, a fin de reducir el riesgo de posibles cornadas. Y no sólo eso, sino que se han inyectado fármacos hipnóticos e introducido bolas de algodón en lo profundo de sus fosas nasales para dificultar la respiración.

No dudo que muchas de estas cosas las hagan, pues tratan al toro como una cosa y no como un animal que siente y tiene derecho a una vida tranquila como la tuya y la mía, lo que pasa es que yo no las he podido comprobar, porque está claro que todo esto se realiza en el máximo secreto, no olvidemos que es un negocio, y por dinero se hace lo que haga falta. Pero fuera aparte de todo eso, lo que sí se produce siempre es su encierro en el toril, un cajón oscuro en el que el toro espera a salir, donde comienza el miedo y la desorientación; antes de que salga al ruedo, se le clava la divisa, un arpón de puntas aceradas con una tela de colores que marca la ganadería de la que proviene. 

El dolor producido por la divisa y el encierro en la oscuridad hacen que el toro salga al ruedo al galope, lo que se interpreta como una actitud desafiante cuando es, en realidad, un animal asustado que busca huir de lo que le provocó dolor.

También para los taurinos, la razón que sustenta el castigo que el toro ha de sufrir en varas, (el picador) es la de adecuar y mejorar su comportamiento durante el resto de la lidia, quebrando su fortaleza y pujanzas naturales, obligándole a humillar la testuz; por otra parte, es la prueba fundamental con la que medir su bravura. La realidad es que al toro le clavan, con toda la fuerza de la que es capaz el picador desde el caballo, una punta de acero de tres centímetros y los once centímetros que siguen hasta el tope, lo que destroza los músculos de la zona (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello), vasos sanguíneos y nervios, de forma que no pueda levantar la cabeza y sea más difícil que coja al torero y sea más fácil matarle. Cuando el toro es demasiado peligroso, el picador retuerce la pica o se apoya en la barrera para hacer más fuerza y así más daño, más saña.

Las banderillas, también llamadas avivadores (lo que dice mucho sobre su función) sirven, según los taurinos, para enardecer o avivar al toro después del castigo en varas. Se suelen colocar tres pares, un par por cada uno de los peones, que deben colocarse por ambos lados del toro. Las banderillas terminan en afilados arpones metálicos de cinco centímetros y más largos aún, en las banderillas negras. Los banderilleros clavan estos arpones en las mismas horribles heridas de los puyazos o cerca de ellas. A cada movimiento del toro, las banderillas se mueven haciendo que los arpones horaden y desgarren cada vez más la carne, aumentando la hemorragia y completando la labor del picador. Además del desangrado necesario para que el toro vaya perdiendo fuerza, el dolor que le producen todas estas heridas y el destrozo de los músculos del cuello, es lo que obliga al toro a agachar aún más la cabeza. Algunas tienen un arpón de ocho centímetros, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador.

El último tercio acaba con la entrada a matar del toro, se trata de clavar la espada de ochenta y ocho centímetros cerca de las vértebras, para lesionar el corazón o algún vaso sanguíneo importante, perforando habitualmente algún pulmón. La perforación del pulmón o de grandes arterias explica que gran parte de los toros escupan o vomiten sangre cuando tienen la espada dentro del cuerpo, mientras no deja gritar de agonía. Finalmente, una vez que el toro se ha derrumbado se le clava la puntilla, un puñal con el que se secciona la médula espinal a la altura de las vértebras atlas y axis; el corte de las orejas se lleva a cabo a veces, con la cabeza del toro aún “viva” pues el resto del cuerpo está paralizado, pero no muerto.

Después que le destrozan las vértebras, el toro pierde control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo, sin embargo hacia arriba se mantiene intacto, por lo que está consciente de todo el horror y de cómo es arrastrado fuera del ruedo.

¿Esto es arte?, ¿cómo puedes divertirte reventando a un animal de forma agónica, así, de esa manera?... ¿y encima lleváis a vuestros críos a ver esta barbaridad?... Vosotros los taurinos sois de la peor calaña que existe, asesinos, criminales y psicópatas que disfrutáis de esta brutalidad, de esa sed de sangre... pero dicen - el toro no sufre -, canallas, anormales, todo ser con sistema nervioso siente como vosotros, ¡mirad la foto enfermos!. ¿Cómo puede el estado consentir todo esto?, afortunadamente cada vez más los jóvenes se conciencian y esta matanza tiende ir a menos, pero aún queda mucho por luchar contra estos cobardes e incultos. Son muchas fiestas las que hay, en las que al toro se le maltrata, incendiando sus cuernos, o la detestable fiesta de Tordesillas o la de Pamplona. Maldita seas España, ¿qué se te conozca en el mundo entero por destrozar la vida de un animal que es tan manso y nada agresivo?, tan solo deseo que todos los que contribuís a esto, sufráis tanto algún día, como estos pobres animales a los que habéis masacrado.

España una vez más, la vergüenza de este planeta tierra… ¡qué asco me das!.


...Pasen y vean la avanzada cultura y tradición española, ¡oooolee!

2 comentarios:

  1. Pobres toritos yo tampoco entiendo como el haberlos sufrir pueda ser fiesta y diversion!Saludos

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    1. Es algo horroroso, que hasta el gobierno de la nación defienda esto, de vergüenza.

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