domingo, 14 de mayo de 2017

Momentos

Aquí en el sur, ya empiezan a subir las temperaturas poco a poco, aunque todavía por la noche sigue haciendo algo de frío y humedad, pero eso no me impide cada vez que puedo, subir a la terraza que hay arriba en mi casa, cuando ya es de noche y todo está en calma, respirar profundo, apreciar lo que hay a mi alrededor y sentirme vivo… aunque sea solo por unos minutos.

Me encanta estar en ese patio, con la luz apagada, a oscuras y mirar hacia arriba, mientras mis ojos se acostumbran al negro manto nocturno, y van apareciendo pequeñas estrellas, que luchan por brillar por encima de la contaminación lumínica de la ciudad que tengo enfrente. Un inmenso vacío en el que me pierdo y que si me fijo bien, siguen naciendo estrellas cada vez más numerosas, que me dejan pensando, sobre donde me encuentro realmente. Luego, apoyo mis brazos en la baranda de la terraza, la brisa roza mi cara, respiro fuerte y distingo los olores que trae consigo la tranquilidad de las noches de primavera, primero un fuerte olor a azahar, pues mi casa está rodeada de naranjos, que impregnan toda la atmósfera de una fragancia muy andaluza, y después sobreviene una frescura con tonos de mar, pues vivo enfrente de una marisma salobre y un río dulce, que producen una mezcla indescriptible para los sentidos.

Todo está en calma, el hombre no molesta y a lo lejos se pueden escuchar a las gaviotas y otras aves, que disfrutan del paraje natural en el que vivo… y con esto, tan solo con eso, me siento muy feliz… una gran paz me inunda, recorre todo mi cuerpo hasta llegar a mi cabeza y me siento parte íntegra de la naturaleza, ese… es mi momento… en el cual nada es importante y todo es maravilloso. Toda preocupación se deshace, aparecen nuevos pensamientos y me pregunto, ¿por qué no puede ser siempre así, si esto está aquí siempre?...

Pero no puedo estar mucho más tiempo, cierro la cancela, el ventanal y echo la persiana, dejando atrás un día más sueños e ilusiones, de cómo debería ser todo en este mundo, pues he de acostarme, para volver por la mañana a la rutina diaria, para volver a ser un número en la empresa donde trabajo, un número para la administración a la hora de pagar los impuestos, un número en el banco, la seguridad social y un número más a la hora de ser engañado y esclavizado en esta sociedad.

Una vida en la que a partir de las doce de la noche, mi cuerpo empieza a convertirse en metal, y en la mañana se ha vuelto una máquina de trabajar, de hacer recados, evitar y solucionar problemas, en donde mi cerebro deja de sentir y mi corazón no hace más que resignarse a lo que hay. Perdiendo la noción del tiempo, olvidar lo que es la vida y entrar en el mismo egoísmo de siempre, que acaba con todo lo humano que hay en mí.

Planificándolo todo, como si me quedaran muchos años por vivir, como si la muerte no fuera conmigo y ya más adelante, cuando tenga la casa llena de tonterías y la hipoteca pagada, mucho más viejo, entonces, solo entonces, si estoy vivo… podré darme quizás ese capricho de tener estos momentos de forma más habitual.

¡Qué mentira más grande vivimos!, ¡qué especie más tonta!, vendiendo nuestra vida porque un puñado de gente con dinero, ha decidido mandar sobre tu vida y robarte los momentos más importantes, arrancándote del universo, para plantarte en un asiento, mientras te engaña con programas de televisión, consumiendo de forma alocada y trabajando casi todo el día, devorando tu tiempo, malgastando la vida.

Por eso ya es hora, de que empieces a recuperar lo perdido, es la ocasión de ganar terreno a tu existencia y empezar a saborear lo que es la vida; busca entonces a lo largo de la jornada, pequeños momentos que te devuelvan a tu verdadera naturaleza, para dejar de ser una máquina de producción siempre preocupad@ por todo y entiendas el valor de lo que te rodea, no te pierdas este espectáculo, acércate a la tierra, mira hacia el cosmos, siente el viento e interioriza tu vida, para hacer tus sueños realidad. No esos de hacer mucho dinero, sino esos de cuando eras pequeñ@, esos que llenan el corazón, que son sinceros, sin maldad y te pueden conducir hacia lo más deseado, ¿te acuerdas?... la felicidad… en todas las cosas, en cada situación, para volver a ser humano, antes de que sea demasiado tarde.

Así, cuando me toca trabajar de noche, y llego a casa por la mañana temprano, antes de acostarme, al alba salgo al patio, miro hacia arriba y veo las constelaciones, levanto la vista al frente y contemplo la llegada del sol, que sale por encima de la ciudad y torna de reflejos de color rojizos las salinas que tengo justo enfrente, un manto negro en el cielo que pronto se transforma en colores rojos, amarillos, violetas y azules… ese silencio, pues el hombre aún está dormido, que es acompañado de la primera brisa de la mañana, que huele a mar y a vida, las aves emprenden sobre mi cabeza el vuelo y entonces respiro profundo varias veces… en ese momento, ocurre que la piel de metal se me cae a trozos, dejando respirar a mi cuerpo, volviendo a descubrir mi biología, mi humanidad... me quedo unos minutos contemplando la maravilla donde vivo, todo es paz y tranquilidad… antes irme a la cama a descansar… estoy aquí, absorbiendo la verdadera vida, la única realidad que es importante… esto es lo que quiero… este es mi momento….

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