miércoles, 11 de enero de 2017

Lo siento mucho

Realmente lo siento mucho, demasiado… pues como todos, yo también tengo mis sufrimientos y mis problemas en la vida, pero he de reconocer que disfruto de una existencia privilegiada.

Poseo un buen trabajo que me da un sueldo para vivir bien, incluso de vez en cuando puedo darme algún capricho si se me antoja, tengo una casa, coche, familia, mascotas y hasta el día de hoy buena salud… la verdad, es que no tengo mucho de qué preocuparme; podría vivir muy tranquilo, despreocupado y pasando de todo, sin mirar el sufrimiento de los demás, pues he de admitir, que yo he sido uno de los pocos afortunados que ha pasado por encima de la crisis, y ni siquiera me he enterado.

Por tanto, con esta vida “acomodada” que llevo, no tengo más que sentarme a ver el paso de los días, solamente para observar el transito del dolor y la necesidad a mi izquierda y a mi derecha, sin que llegue a tocarme, tengo de todo, no me falta de nada, sin embargo… digo, lo siento mucho, ¿por qué?, te preguntarás.

No es que me sienta culpable por todo lo bueno y/o lo malo que me ha tocado en suerte, ni nada de eso. Desde joven yo he estado muy implicado en muchos voluntariados de todo tipo, he viajado, he visto otras culturas, he dormido al raso en el suelo y también en hoteles rascacielos de cinco estrellas. He podido admirar la diversidad que hay en el mundo, he visto risas de los sietes continentes, pero también he observado el sufrimiento que existe.

Y como decía antes, aunque podría llevar una vida en donde solo existo yo y poco más, siento la necesidad que hay en mi alrededor, siento físicamente el dolor de este mundo. No sé si es un don, o es una invención, quizás sea más sensible y tenga demasiada empatía, puede que la meditación me haya hecho más receptivo a estas sensaciones o a lo mejor la cabeza no me funciona muy bien, no lo sé. Pero si puedo decirte, que soy consciente de que muchas personas vagabundas, muchos animales abandonados, ahora mismo están ahí fuera de casa, y siento su temblor por frío, noto como crece la fiebre en sus cuerpos enfermos y la agonía de la desolación.

No sé si me explico bien, ni sé si a alguien más le pasa también, al igual que hay personas sensibles con el dibujo, las matemáticas, la memoria, la música o la realización de movimientos imposibles con sus cuerpos, existe como la capacidad de sentir algo parecido a lo que les ocurre a los demás, de ahí la urgencia y la impotencia que siento, de no poder ayudar más; tan solo lo poco que puedo aportar cada día…

Mientras hay una mayoría de gente insensible, otros sentimos mucho el dolor ajeno, pues al igual que no me gusta sufrir a mí, tampoco se lo deseo a los demás. Donde muchos gastan un dinero en cosas totalmente superfluas, yo veo una oportunidad de salvar a seres vivos, pues por desgracia, como ya he dicho otras veces, para ayudar con eficacia es necesario recaudar dinero.

Me duele ver como esta sociedad, gasta sus monedas en tonterías, mientras que si se usara para arreglar la vida de tantos seres vivos, todos gozaríamos de la oportunidad de vivir una vida más plena, con las necesidades básicas cubiertas.

Y pasan los días, y escucho el quejido de las personas, el lamento por no hacer las cosas bien adrede, las siento en mi ser, en mi cuerpo, y te aseguro que llega a padecerse de forma real, más allá de la imaginación, como si tuviera la maldición de somatizar, el sufrimiento del otro. Algo que hay que llegar a controlar, porque lo que en principio podría parecer un don, se vuelve una condenación, pues nadie puede aguantar tanto dolor en su propio cuerpo. 

Tener esa capacidad psíquica, por llamarlo de alguna manera, te enseña donde y cuando se manifiesta el sufrimiento, e incluso te muestra las posibilidades para arreglar muchos problemas, pero para esto hace falta muchas cosas que no tengo, aparte de dinero y entonces como decía, la pena se multiplica por dos, uno por saber y otra por no poder hacer nada... o muy poco.

Ojalá tuviera una sola oportunidad de arreglar el mundo, de acabar con la maldad; si me dieran a elegir entre dar mi vida para cambiar la justicia de este mundo o que todo siguiera igual, no dudaría en entregarla, pues sin duda, sería la única forma de acabar con este dolor, con esta sensación agónica, que no parece concordar con los hombres de esta época. Una empatía quizás demasiado evolucionada, muy profunda y dolorosa, algo que no abunda ya en este planeta.

A lo mejor este tipo de habilidad, es la evolución a un mundo mejor, donde todos sintamos al otro como a nosotros mismos, ayudándonos de una manera eficaz, desinteresadamente. Pero si no va acompañado de las herramientas necesarias, solo se convierte en un tormento estúpido, es como encadenar a un hambriento y colocar fuera de su alcance manjares exquisitos que nunca podrá probar, mientras nota como la inanición lo va matando lentamente.

Es una desgracia, me repito una y otra vez, lo siento mucho, lo siento mucho… el dolor es muy intenso, es la sensación de vivir el día de la marmota, siempre igual, los mismos sufrimientos, los mismos egoísmos y ninguna solución.

6 comentarios:

  1. Wow! Genial! ¿Sabes? Si todo el mundo tuviera el mismo sentimiento, todo cambiaría.
    Un buen relato de emociones y sentimientos. Espero que la entrada llegue a mucha gente para que podamos reflexionar sobre lo que has escrito.
    Un saludo

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  2. Gracias, ojalá llegue a muchas personas y despierten hacia un cambio a mejor.

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  3. sentamientos a flor de piel. Me gusto mucho.
    lo que seria genial es que muchos lo leyeran, canalizaran meditaran.
    quizá todo no pero mucho si seria, quizá, diferente,
    gracias por compartir, un afectuoso saludo amigo

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    1. Es cuestión de compartirlo. Gracias por comentar Carmen.

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  4. Empatizo completamente con los sentimientos que describes y coincido con la falta de medios para aportar algún cambio significativo, pero si creo que se están dando múltiples pequeños pasos aislados que muestran que una parte de la sociedad se esta concienciando de la necesidad de un cambio. La parte negativa de este cambio es la lentitud

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  5. Pienso como tú Maribel, gracias por tu comentario.

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